Hollywood nunca se cansa de rehacer los éxitos que funcionaron en otro países y de este modo lograr darles un tono más apetecible para el gusto de la audiencia promedio. Entre los géneros a los que es aficionado hacer “remakes”, está el del terror y ese fue el caso de The Grudge, un largometraje japonés de 2002 originalmente llamado Ju-On que se rehizo en los Estados Unidos dos años después. El resultado fue una película absolutamente prescindible, pero que, aunque no fue un gran éxito, tuvo dos secuelas en 2006 y 2009.

Ahora, llega otro producto de la franquicia, La Maldición (The Grudge) que dirige Nicolas Pesce quien se estrenó con My Eyes, una mezcla de drama y horror de 2016 y dos años más tarde dirigió el aclamado thriller Piercing. Ambos están marcados por la violencia extrema, por lo que es legítimo creer que esta nueva película sigue el mismo camino, y aunque se le da más prioridad a los miedos y sorpresas que siempre deparan las películas de terror, ya os podemos adelantar que es bastante sangrienta.

Esta cuarta película estadounidense de la franquicia sin embargo, no toma una nueva historia para alargar la saga, sino que en realidad supone un nuevo reinicio de la primera película.

De qué va

En esta ocasión la protagonista principal de La Maldición (The Grudge) es la actriz inglesa Andrea Riseborough, conocida por títulos como Birdman y Nancy. Ella da vida a la detective Muldoon, una mujer que nunca ha sido feliz o afortunada en la vida, que trabaja en el departamento de homicidios y nunca ha sentido nada emocionante en su vida. Debido al cáncer, recientemente perdió a su esposo (que además era su compañero).

Muldoon trabaja ahora en estrecha colaboración con su nuevo compañero Goodman, un hombre que ha vivido muy solo después de la muerte de la madre que cuidaba. El personaje está interpretado por el actor Demián Bichir, nominado al Oscar por For a Better Life  Incapaz de superar el dolor, Goodman parece vivir ahora hundido en la miseria y tenemos que decirlo, la suciedad. Además, debe lidiar con el intento de suicidio de su compañero, un episodio que lo marcó particularmente.

La investigación sobre el descubrimiento de un cadáver lleva a los dos a acercarse, no sin renuencia, a una casa ubicada en el número 44 de la calle Reyburn. El cadáver ha aparecido podrido en un automóvil en un bosque cercano y por lo visto, está vinculado a la casa donde ocurrió un asesinato hace unos años.

Una familia entera fue asesinada en ese horrible crimen. Goodman, de hecho sigue  conmocionado por ese caso, uno en el que él y su ex compañero trabajaron en el pasado, por lo que ha desarrollado la creencia de que la casa está maldita y es mejor alejarse de ella.

Muldoon no tiene tales obsesiones supersticiosas. Pero cuanto más cava, más elementos perturbadores encuentra: otras muertes, otras peculiaridades, otros enlaces inexplicables y sin resolver. Y todos parecen conectarse de nuevo a esa casa. El antiguo compañero de Goodman, el detective Wilson, saca a relucir toda la maldición. Él le dice a Muldoon que todo está relacionado con la casa, una maldición que heredas con solo pasar por la puerta principal.

Sin embargo, Muldoon no acaba de dar mucha importancia a las maldiciones, ya que Wilson actualmente reside en una institución mental después de intentar suicidarse. Pero cuando el ex policía se saca los ojos justo después de hablar con ella, la deja inquieta.

La casa, en cierto modo, atrae de forma extraña a quien vive en ella. Conocemos así varias historias al respecto, como la del primer inquilino que tuvo la casa tras la masacre de la familia Landers. Se trata de Peter Spencer, un hombre que junto a su esposa Nina dirige un negocio inmobiliario. Ambos en sus cuarentas, están luchando con el embarazo de la mujer y con todo el estrés, la ansiedad y el resentimiento asociado. Para interpretar a los dos están los actores John Cho, ya protagonista de Searching y Star Trek: el futuro comienza, y Betty Gilpin, recordada por la serie Masters of Sex. Peter es uno de los primeros en encontrarse con el fantasma de Fiona Landers, interpretada por Tara Westwood.

Por otro lado tenemos a los Matheson, que a diferencia de los Spencer, están felices de vivir en una casa embrujada como la de la calle Reyburn. Ancianos, viven de buena gana en el hogar que, aunque lleno de espíritus, les da la esperanza de una relación eterna. Enamorados durante cincuenta años, William y Faith, que viven en un lugar lleno de fantasmas, esperan que la anciana, una vez muerta debido al mal incurable que la ha afectado, también pueda regresar en forma de espíritu para visitar a su esposo. Faith está interpretada por Lin Shaye, símbolo de la saga de terror Insidious, mientras que William es interpretado por Frankie Faison (al que vimos hace poco en la serie de Marvel, Luke Cage). Seguros de lo que quieren, los Matheson han intentado terminar con la vida de Faith tres veces, pero sin éxito. Por esta razón, deciden recurrir a una profesional: Lorna Moody, experta en eutanasia interpretada por Jacki Weaver, una actriz australiana dos veces nominada para un Oscar ( Animal Kingdom y El Lado bueno de las cosas ).

Conclusiones

Todo esto parecen ser los ingredientes perfectos para un oscuro thriller espiritual, pero como decimos, La Maldición (The Grudge) es en realidad mucho más horrible y se centra en una violencia que en ocasiones, y dependiendo del espectador, puede parecer excesiva.

Se nos muestran varios cadáveres en diferentes estados de podredumbre y descomposición, y en algunos casos espeluznantes, la cámara examina la carne supurante y el desorden sangriento con bastante atención. Escenas como la de mujer que se corta repetidamente sus propios dedos con un cuchillo grande y los corta en trozos pequeños que puede comer, la de la mujer embarazada siendo acuchillada o un hombre en una bañera llena de sangre, impactan y pueden llegar a herir bastante la sensibilidad de los espectadores no acostumbrados a este tipo de películas.

No podemos decir que La Maldición (The Grudge) sea una película que no recomendar y más si te gusta el cine de terror sin freno, pero lo cierto es que estamos ante una película repleta de escenas crudas que quizás no todo el mundo es capaz de soportar.

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