El cine de terror en España vivió un fenómeno que podríamos calificar como de “viral”, hace años gracias a películas como REC de Paco Plaza (que incluso inició una saga que hasta la fecha ha generado cuatro películas) o El Orfanato de Juan Antonio Bayona y aunque en los últimos años no parece que hayan habido grandes títulos patrios que destacar dentro del género, lo cierto es que por fin podemos decir que una película española está asustando a los espectadores y todo gracias a un miedo más psicológico que físico que debido al boca a boca ha recuperado esa viralidad vivida hace una década.

Nos estamos refiriendo a Malasaña 32, película dirigida por Albert Pintó, que llegó a la cartelera con mucha promoción y con ganas de asustar a todos aquellos que se adentraban en su oscuro universo, ubicado en un pequeño piso de Madrid. Hasta la fecha la cinta ya ha recaudado más de 3,5 millones de euros en taquilla y es de hecho la quinta película española más vista de lo que llevamos de 2020. ¿Merece entonces la pena pasar algo más de 100 minutos de terror? De momento se mantiene en cartel y eso en el caso de una película nacional es todo un logro.

Pero ¿de qué va Malasaña 32, cinta de la que todo el mundo habla?. La película se “vende” como una historia basada en hechos reales, aunque no en uno concreto y sí en varios sucesos de asesinatos que tuvieron lugar en un edificio de Madrid en los años 70. Aunque Malasaña 32 hace referencia a ese número de la calle Malasaña en la capital española, lo cierto es que en dicha calle solo existen 30 números, por lo que es más que evidente que esos hechos reales que tanto han promocionado el film, no son exactamente eso.

Como decimos, el guión de Malasaña 32 se basa en otros hechos reales. En concreto en los acontecidos en el número tres de la calle Antonio Grillo, perteneciente a un edificio de más de 141 años de antigüedad, y donde por lo visto fueron asesinadas diez personas en cuatro crímenes distintos a lo largo de dos décadas. En noviembre de 1945, se halló el cuerpo de un camisero con la cabeza ensangrentada tras lo que pareció ser una sacudida con un candelabro; en septiembre de 1948, apareció otro hombre muerto en circunstancias parecidas; y en abril de 1964, una madre soltera decidió quitarle la vida a su bebé para que evitar las críticas por lo que en aquella época estaba considerado como una deshonra.

Sin embargo, el hecho que marcó al edificio y a esa casa como la más “maldita” de Madrid, ocurrió dos años antes, en 1962 cuando un sastre mató con un martillo, una pistola y un cuchillo de cocina, a su mujer y a sus cinco hijos y luego se suicidó. Según se contó en la época, el hombre deseaba que su familia “descansaran felices”.

En Malasaña 32 no se recrea ninguna de estas macabras historias, pero se toman como una especie de inspiración, con el fin de hacer nacer una historia en la que una familia parece ser asediada por las extrañas fuerzas oscuras que viven en ella.

La cinta ambientada en los 70, comienza con Manolo (interpretado por Iván Marcos) y Candela (a la que da vida Beatriz Segura) los cuáles se mudan con mucha ilusión al barrio de Malasaña con sus tres hijos y su abuelo Fermín. Su idea es la poder dejar atrás el pasado y adaptarse a la vida y las posibilidades que les ofrece una capital que está en pleno desarrollo. Sin embargo, la familia desconoce que la casa recién comprada se va a convertir en su peor pesadilla y pronto se darán cuenta que la que parecía su casa soñada y una vida llena de oportunidades, se convierte en un sinfín de calamidades, debido a las extrañas presencias que habitan en la casa.

Desde el comienzo hasta el final, Malasaña 32 consigue mantenerte en tensión, gracias a la buena labor de Pintó que demuestra conocer bien el género y sobre todo, el tipo de imágenes que se requieren en una película de este estilo en la que el miedo debe ir aumentando a medida que avanza el film pero con el ritmo adecuado para seguir también la evolución de unos personajes que ilusionados, van perdiendo ese halo de esperanza, por culpa del horror y lo eventos que se suceden en la casa.

Hemos de saber valorar Malasaña 32 dentro del tiempo en el que se ubica su trama. Franco ha muerto y la familia protagonista deja su pueblo atrás con el fin de poder encontrar una nueva vida. Las presencias paranormales son también una especie de símil comparativo, un recuerdo de la época oscura que han vivido y sobre todo de algunos oscuros secretos que guarda la familia.

No podemos dejar de valorar tampoco en este sentido que la auténtica protagonista de Malasaña 32 sea la joven Begoña Vargas (Centro Médico, Paquita Salas, Alta Mar), que da vida a la hija mediana de la familia, Amparo. Ella es una joven de 16 años con el sueño de convertirse en  azafata de Iberia. En sus manos cae también parte de la responsabilidad de cuidar a sus hermanos mientras sus padres trabajan. La joven vive con ese sueño en mente y esa responsabilidad que tiene que afrontar a diario, de modo que al comenzar el terror en la casa, es sin duda el personaje mejor definido de todos y el que lleva todo el peso de la película. Un personaje .que además mantiene un profundo secreto y en sí misma, también podemos decir de ella que es en sí misma todo un misterio.

La buena ambientación, el cuidado diseño de producción, el gran trabajo dentro del sonido así como la luz, y sobre todo el saber recrear una época de transición para llevarnos a un caos terrorífico, hacen de Malasaña 32 otro nuevo soplo de “aire fresco” dentro del género del terror español. Quizás no esté a la altura de la maravillosa Verónica que Paco Plaza estrenó en 2017 pero lo cierto es que Pintó ha acertado de lleno con su tercera película que aunque bebe de muchos clásicos es capaz de dejarnos pegados al asiento y muertos de miedo en más de un momento.